Conocimiento explícito y conocimiento tácito en la era de la inteligencia artificial

Serie: IA y conocimiento en las organizaciones

En los últimos años, la inteligencia artificial ha comenzado a participar en muchas tareas profesionales: análisis de información, generación de documentos, diagnóstico preliminar de situaciones o apoyo a la toma de decisiones. Frente a estos avances, surge una pregunta relevante: ¿todo el conocimiento humano puede ser incorporado a sistemas inteligentes?

Para comprender mejor este fenómeno resulta útil distinguir entre dos tipos de conocimiento: el conocimiento explícito y el conocimiento tácito.

El conocimiento explícito es aquel que puede ser formalizado, documentado y transmitido con relativa facilidad. Se encuentra en manuales, procedimientos, bases de datos, informes o modelos matemáticos. Es el tipo de conocimiento que puede organizarse en reglas claras o estructuras lógicas. Por esta razón, resulta especialmente adecuado para ser procesado por sistemas tecnológicos.

Muchos desarrollos actuales de inteligencia artificial funcionan precisamente sobre esta base: grandes volúmenes de información estructurada que pueden analizarse, combinarse y utilizarse para generar respuestas o recomendaciones.

Sin embargo, una parte muy significativa del trabajo profesional no depende únicamente de este tipo de conocimiento.

Existe también el conocimiento tácito, que se relaciona con la experiencia, el juicio profesional y la capacidad de interpretar situaciones complejas. Este conocimiento no siempre puede expresarse en reglas claras ni transferirse fácilmente a un sistema.

Un médico que reconoce un patrón clínico poco evidente, un ingeniero que identifica un problema potencial en un proyecto o un directivo que evalúa las consecuencias de una decisión en un contexto organizacional complejo están utilizando formas de conocimiento que combinan experiencia, interpretación y criterio.

En muchos casos, estos procesos se desarrollan de manera casi intuitiva, después de años de práctica. Por esa razón, resultan mucho más difíciles de formalizar.

La inteligencia artificial puede apoyar muchas tareas basadas en conocimiento explícito. Puede analizar información con gran velocidad, detectar patrones en grandes volúmenes de datos y generar propuestas de solución en distintos ámbitos.

Sin embargo, cuando las situaciones requieren interpretar contextos ambiguos, ponderar múltiples variables o considerar consecuencias organizacionales, el conocimiento tácito continúa siendo fundamental.

Esto no significa que la inteligencia artificial no tenga un papel relevante en el futuro del trabajo. Por el contrario, su capacidad para procesar información y asistir en determinadas tareas puede ampliar las posibilidades de muchos profesionales.

Lo que sí parece claro es que la tecnología no reemplaza todo el conocimiento humano. En muchos casos, la combinación entre sistemas inteligentes y experiencia profesional permite obtener mejores resultados que cualquiera de ellos por separado.

Comprender la diferencia entre conocimiento explícito y conocimiento tácito ayuda, por lo tanto, a mirar la inteligencia artificial con mayor realismo. No como una sustitución automática del trabajo humano, sino como una transformación de la forma en que el conocimiento se utiliza dentro de las organizaciones.

En ese espacio de interacción entre tecnología y experiencia profesional es donde probablemente se definan muchas de las formas de trabajo del futuro.